Paco Ignacio Taibo II: Desvanecidos difuntos

Una de las herencias que nos ha dejado el régimen priísta es el deficiente sistema de procuración de justicia. En México la procuración de justicia en muchas ocasiones se limita a fabricar culpables y castigar a disidentes políticos. No más.

Nos enfrentamos a un sistema corrupto e incompetente que a la hora de trabajar como debe, como dios manda, siempre falla. Cuando debe de apegarse a la ley y perseguir delincuentes conforme a derecho lleva las de perder.

Acostumbrados a la tortura para obtener confesiones y a los jueces coludidos que pasan por alto violaciones flagrantes al estado de derecho, los agentes encargados de la procuración de justicia no saben que hacer cuando las cosas deben hacerse apegados a derecho.

¿Ejemplos? El caso de Carlos Cabal Peniche (detenido en Australia por delitos bancarios, la PGR ha sido incapaz de extraditarlo), el caso de Raúl Salinas de Gortari (mientras la justicia suiza lo investiga por lavado de dinero, las autoridades mexicanas no se han molestado siquiera en investigar al respecto), el caso Colosio (¿a poco se creen esa de Mario Aburto Martínez actúo sólo?), el caso del asesinato de Francisco Stanley (a pesar de que el PRD gobernaba la ciudad, las malas mañas en la procuración de justicia prevalecieron: tortura a sospechosos, fabricación de pruebas, pruebas circunstanciales, etc.), etc. etc. etc.

Y eso son sólo algunos casos que por su importancia han ocupado primeras planas en la prensa nacional, la mayor parte han pasado imperceptibles ocultando la verdadera magnitud de la incompetencia del sistema de procuración de justicia en México.

Y es a partir de este tema, el deficiente sistema de procuración de justicia en México, que Paco Ignacio Taibo II crea una nueva aventura de Héctor Belacoarán Shayne, el detective de la escuela de la terquedad.

En Desvanecidos Difuntos, Belascoarán es contratado para encontrar al muertito que le andan cargando a Medardo Rivera, un luchador social de Guerrero que ya anda causando demasiadas molestias.

Supuestamente Medardo Rivera asesinó a Guadalupe Bárcenas, por lo que es enviado a prisión. Más su abogada, Maricela Calderón (quien tras estudiar 8 años derecho, descubre que sus conocimientos en México sirven para "una pura, reverenda y celestial chingada" ergo, para nada), tiene el testimonio de muchas personas de que el supuesto muerto anda bien vivo paseándose por palenques, fiestas, y cantinas.

Maricela Calderón logra sacarle al Gobernador de Guerrero la promesa de que si le presenta vivo al difunto, Medardo Rivera obtiene su libertad. Ni tarda ni perezosa se da a la tarea de contratar a un detective apropiado.

Calderón y Rivera eligen a Belascoarán por pertenecer a la escuela de detectives de la terquedad y no a la deductiva o inductiva. Su argumento es que, como podemos notarlo, el caso se aleja completamente de cualquier lógica, racionalidad o sentido común.

Y si, eligieron correctamente. Al final la terquedad de Belascoarán supera los obstáculos que se le presentan en el camino para finalmente dar con el muerto viviente y entregárselo a un desencajado gobernador, obligado a cumplir su palabra.

Ni las amenazas, ni la ceguera total temporal, ni el simulacro de ejecución del que es víctima, ni el México bronco al que hace frente logran amedrentrarlo en la consecución de su objetivo.

Al final se descubre la mascarada: a cambio de saldar una deuda con el jefe de la Policía Judicial del Estado, Guadalupe Bárcenas se hizo el occiso unos meses para incriminar y ablandar a Medardo Rivera.

Esta historia tuvo un final feliz, no así los cientos de casos similares que ocurren a lo largo del país.

Bibliografía

Paco Ignacio Taibo II, Desvanecidos difuntos, México, Promexa, 1991.126 pp.


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