Operaciones de mantenimiento de la paz

4 de septiembre de 2001

Las operaciones de mantenimiento de la paz de la Organización de Naciones Unidas tienen origen en el artículo 39 de la Carta de las Naciones Unidas que a la postre dice:

“El Consejo de Seguridad determinará la existencia de toda amenaza a la paz, quebrantamiento de la paz o acto de agresión y hará recomendaciones o decidirá que medidas serán tomadas de conformidad con los artículos 41 y 42 para mantener o restab1ecer la paz y seguridad internacionales”.

Para el Anuario de Naciones Unidas de 1995, una operación de mantenimiento de la paz consiste en:

"Actions to stop hostilities and control conflicts (...) an operation involving military personnel, but without enforcement powers undertaken by the United Nations to help maintain or restore international peace and security (...) these operations have never been purely military, the peace—keeping operation eventually end in a new phase of civilian operations wich give greater emphasis to technical assistance for development of the countries concerned”

El objetivo final de las operaciones de mantenimiento de la paz es regular y controlar los conflictos que amenazan a la paz y la seguridad internacional mientras se trata de conseguir soluciones políticas duraderas.

A lo largo de los 53 años de historia de la ONU, en muchas ocasiones las operaciones de mantenimiento de la paz no han cumplido con su objetivo. En estos casos el fracaso se debe a la complejidad del problema al que hacen frente.

La ONU a lo largo de su historia ha tenido que hacer frente a conflictos entre naciones y a conflictos de carácter interno, guerras civiles. El reto de la organización ha sido restablecer el pacto social preexistente, restaurar la cohesión social.

Las operaciones de mantenimiento de la paz implican diversos grados de complejidad, así ha habido operaciones cuya única misión es la de vigilar el cese al fuego entre las partes en conflicto; otras se han encargado de restablecer e incluso de crear el orden institucional; también ha contribuido en la realización de elecciones.

La naturaleza de los conflictos ha llevado a la ONU a involucrarse, por medio de sus operaciones de mantenimiento de la paz, en los asuntos internos de los Estados. Esto es contrario a lo dispuesto a los principios de la organización. El principio número 7 de la ONU señala que:

"no se autoriza a las Naciones Unidas a intervenir en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados”

La ONU al organizar elecciones, servir como intermediario en guerras civiles, restablecer instituciones, etc. está interviniendo claramente en los asuntos internos de las naciones, violando flagrantemente el principio número 7.

Pero la intervención de la ONU en los asuntos internos de las naciones se explica por la solicitud que hacen las autoridades de cada país o de las partes involucradas en el conflicto para que la Organización participe activamente en los procesos de paz o restauración del orden institucional perdido. Las partes involucradas recurren a la ONU en busca de un sus buenos oficios, su conciliación y mediación para resolver la problemática.

La segunda razón, y quizás la más importante, es que el Consejo de Seguridad determina que la situación prevaleciente pone en riesgo la paz y la seguridad internacional, por lo que es necesario ponerle fin mediante arreglos políticos y la intervención de la ONU. De esta forma, en conflictos internos en los que una de las partes no acepta la mediación, la conciliación ni los buenos oficios de la ONU, el Consejo de Seguridad ordena la intervención tomando en cuenta la amenaza que ese conflicto constituye par la paz y la seguridad internacional.

Al respecto hay un caso muy interesante. En Somalia Mohamed Farah Aidid, un líder de un clan muy poderoso que disputa el control del país, se opuso a la participación de la ONU en el proceso de restauración de la paz. Su oposición se tradujo en actos violentos en contra de los cuerpos de PAZ de la ONU.

Fue sólo hasta que EE.UU. apoyo y protegió militarmente a los cuerpos de paz de la ONU, que Mohamed Farah respetó la autoridad de la ONU y a los integrantes de la operación de mantenimiento de la paz. El respeto al personal de la ONU duró sólo hasta el momento en que las tropas norteamericanas estuvieron estacionadas en Somalia.

Pero cuando los efectivos militares de EE.UU. abandonaron el país, Mohamed Farah volvió a obstaculizar las operaciones de la ONU. Tal actitud condenó al total fracaso al intento de la ONU por restaurar la paz en el país. Al final, la ONU desistió en sus intentos por restablecer la paz y dejó a su suerte a Somalia.

Esta triste experiencia pudo haberse repetido en Kosovo, Yugoslavia, donde se gestaba un conflicto interno de origen étnico. En este caso el gobierno yugoslavo se opuso a la intervención de la ONU en el conflicto, preparando el camino para un genocidio en contra de la población albanesa de la región.

Pero en este caso los cañones de la OTAN impusieron la decisión del Consejo de Seguridad en la zona. Esta vez la OTAN apoyó a la ONU hasta el final del proceso de pacificación, y no fue como en Somalia donde la ONU se quedó sin ningún apoyo militar para hacerse obedecer.

El éxito de las operaciones de paz depende en gran medida de la voluntad de los actores involucrados. La ONU aún no tiene el poder propio para resolver las controversias y hacer cumplir los requisitos específicos para lograrlo. La ONU aún no obtiene el monopolio legítimo de la violencia, no es aún una Autoridad Internacional con plenos poderes. La ONU está a merced de la voluntad de las partes involucradas y de las grandes potencias (EE.UU. y la Unión Europea)

Los mayores logros se han obtenido cuando las partes de antemano se han puesto de acuerdo para llevar a cabo esta reconciliación, como ha sucedido en Mozambique, El Salvador, etc.) y cuando la ONU cuenta con el apoyo total y permanente de las grandes potencias.

Las operaciones de paz se enfrentan a grandes dificultades al intervenir en aquellos conflictos en los que las partes involucradas aún no llegan a un acuerdo y no están todavía dispuestas a hacerlo y cuando las grandes potencias se niegan a apoyarla.

Para el éxito de las operaciones de mantenimiento de la paz se requieren también la neutralidad de la ONU (que no tome partido por alguna de las partes); el apoyo pleno del Consejo de Seguridad; el apoyo diplomático de los miembros de la Asamblea General; la definición de un objetivo claro y específico; y recursos materiales, financieros y humanos suficientes.

El problema que enfrentan últimamente las operaciones de paz de la ONU a raíz del fin de la Guerra Fría es la escasa participación de las potencias capitalistas; los países poderosos, los que realmente tienen la capacidad para garantizar el éxito ea las operaciones de paz, condicionan su ayuda o de plano la restringen. Estas naciones apoyan diligentemente a la ONU solamente cuando sus intereses se ven amenazados, como sucedió en la Guerra del Golfo o la Guerra en Yugoslavia. Cuando no les interesa el asunto, lo dejan en manos de la ONU (la guerra en el Centro de Africa).

El resto de la comunidad no tiene los recursos ni la influencia para respaldar a estas operaciones, prueba de esto es que no se reúnen los fondos necesarios para financiarlas sino no se cuenta con el apoyo de las grandes potencias.

La situación se vuelve más compleja cuando el Consejo de Seguridad, inmerso en reflexiones burocráticas-administrativas, establece un plazo máximo para el cumplimiento de los objetivos de la operación de mantenimiento de la paz, período tras el cual la operación deja de existir. Esta postura ignora las complicaciones intrínsecas a un proceso de reconciliación.

Al término de la guerra fría pareciera que la paz sería más fácil de alcanzar ya que las guerras de liberación nacional en los países del Tercer Mundo concluirían y la rivalidad entre EE.UU. y la U.R.S.S. sería preocupación de los historiadores.

Pero por el contrario, las guerras reaparecen (Somalia, Ex—Yugoslavia, Liberia, Ruanda, Georgia, Chechenia, Sri Lanka, Italia) pero ahora marcadas con un tinte secesionista, fundamentado en argumentos étnicos.

Durante la mayor parte de su historia la ONU tuvo que lidiar con los conflictos derivados del enfrentamiento entre la U.R.S.S. y EE.UU. Ahora deberá hacer frente a un nuevo período caracterizado por la lucha entre las potencias regionales por expandir sus zonas de influencia mediante el debilitamiento de los Estados—nación vecinos y las guerras civiles de contenido étnico. Y todo parece indicar que la ONU no tiene los medios para hacerlo.

BIBLIOGRAFIA

Carta de las Naciones Unidas, Naciones Unidas, EE.UU., s.f.

Operaciones de Mantenimiento de la Paz, Naciones Unidas, EE.UU., 1994.

Yearbook of United Nations, 1995, Naciones Unidad, EE.UU., l995.


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