CRONICAS BICICLETERAS: MARIHUANA Y CICLISMO

Las drogas destruyen... aunque la mota convierte a la gente común en atletas consumados.

1.

La carretera Picacho - Ajusco es uno de los caminos para ir al Santuario de Chalma. Es frecuente ver en esa carretera peregrinaciones de taxistas o microbuseros que van a Chalma a bendecir sus unidades. Y también se organizan peregrinaciones en bicicleta hacia Chalma.

En mis recorridos habituales algunas veces yo me encuentro con estas peregrinaciones. Pero una en particular la recuerdo claramente.

Era una peregrinación de “chavos banda”. Eran unos 16 aproximadamente.

Quizá se les hizo fácil ir a Chalma en bici, pensaron a lo mejor que era como ir a Chapultepec o la Alameda. No sabían en lo que se metían y no se prepararon para ello, encomendándose a su fe.

De entrada llevaban bicicletas tipo cross: sin velocidades que aligeren el trabajo de las piernas; con llantas pequeñas rodada 26 que dificultan el desplazamiento. Peor aún, llevaban sus pantalones de mezclilla entallados y chamarras del mismo material...

Y el camino a Chalma es duro. El recorrido desde la ciudad de México es de aproximadamente 70 kilómetros. La primera parte del recorrido es la más difícil, ya que en una distancia de 25 km aproximadamente se debe ascender de los 2,200 metros sobre el nivel del mar (del nivel promedio de la ciudad de México) hasta llegar a 3,300 en una de las partes altas de la cordillera del Ajusco.

La peregrinación se había dispersado, el grupo compacto original se había desmembrado; unos tenían más condición o convicción que otros. Fui rebasando uno a uno, algunos ya iban empujando su bici, otros batallaban con su bicicleta cross para avanzar algunos metros.

A otro lo rebasé cuando estaba ¡fumando! a la orilla del camino. Pensé “uy, así menos va a llegar a su destino.”

Me equivoqué. Para mi sorpresa el fumador compulsivo no solo me alcanzó, sino que me rebasó y comenzó a ampliar la distancia entre los dos pese a su bici cross y sus pantalones de mezclilla entallados.

Cuando me rebasó alcancé a percibir un olorcito peculiar: había quemado/fumado marihuana. En ese momento no le di importancia.

2.

Un compañero de la escuela se enteró que me gustaba salir en mi bici. El tenía la misma afición y me propuso organizar un paseo juntos. Acepté, temiendo que él fuera un verdadero profesional, con todo comidas y ejercicios programados, y se decepcionara al descubrir que yo solo era un amateur de fines de semana que no le aguantaría el paso.

El propuso el primer recorrido: los circuitos de la Ciudad Universitaria de la UNAM. Los sábados y los domingos los ciclistas reclaman como suyos las calles que atraviesan la ciudad universitaria.

Es en si un recorrido sencillo, las subidas más difíciles no son en si un gran reto y cualquier principiante puede con ellas sin necesidad de bajarse a empujar su bici.

Ahí descubrí que mi amigo acostumbraba los paseos sin complicaciones: de dos pedaleos por cuadra, de avanzar media cuadra con la pura inercia de dos pedaleos; nada de ejercicio extremo, nada de pedalear hasta que las piernas te duelan o sientas que el corazón va a salir expulsado del pecho.

El siguiente paseo lo propuse yo: la conquista del Ajusco. La conquista del Ajusco, versión Alain García, consiste en salir de San Angel para llegar hasta el kilómetro 15 de la carretera Picacho Ajusco, unos 25 kilómetros totales de los cuales unos 15 son subida permanente.

Salimos de San Angel. El primer reto serio del recorrido es la subida que se encuentra en Insurgentes justo frente al anexo de ingeniería. Ahí se revela la condición del ciclista. Mi compañero pudo con ella, no sin poder evitar terminar jadeando.

El siguiente reto es la subida en las faldas del cerro Zacatepetl frente al CCH Sur. Esta no es tan prolongada como la anterior, pero su inclinación es superior. Mi compañero pidió tregua, solicitó un descanso para recuperar el aliento.

A la altura del Colegio de México, ya en la carretera Picacho Ajusco, comienza el ascenso permanente en las faldas del cerro del Ajusco, que se interrumpe sólo por algunos tramos planos que poco ayudan a recuperar el ritmo cardiaco y respiratorio.

No habíamos llegado ni al parque Six-Flags, al kilómetro 1.5 de los 15 propuestos cuando los ojos de mi compañero parecían salir de su órbita, la cara estaba roja y su rostro tenía un signo de desesperación. Ante eso propuse un nuevo descanso para tomar agua y quitarnos las chamarras(habíamos salido de San Angel a las 7:30 de la mañana y eran casi las 8, el sol comenzaba a caer a plomo). El tenía tanto calor que decidió quitarse todo y andar con el torso desnudo...

Un kilómetro más tarde decidió que había sido suficiente. Que era hora de terminar el recorrido.

Para la siguiente salida que organizamos pensé que escogería nuevamente el circuito de Ciudad Universitaria. No fue así: quería conquistar, ahora si, al Ajusco. Le sugerí no intentarlo, que mejor paseáramos por CU para que adquiriera fuerza y condición. Lo único que logré fue picarle su amor propio y se emperró más en conquistar el Ajusco.

La historia se repitió. Nuevamente desertó en el kilómetro 2.

Algo que debo reconocerle a mi compañero es su tesón. Las siguientes salidas siguieron siendo rumbo al Ajusco. Para mí sé ya se estaba volviendo algo aburrido: no solo tenía que ir a su ritmo sino que al final el recorrido original se cancelaba.

Ante ello en el siguiente paseo decidí no esperarlo más e irme a mi ritmo desde San Angel, sin hacer descansos ni el CCH Sur ni en el kilómetro 2. Perdí contacto visual con él en la subida del anexo de rectoría.

En el kilómetro 2 me remordió la conciencia y decidí mejor esperarlo. Pasaron algunos ciclistas, pero de mi compañero ni sus luces. Finalmente apareció en el horizonte y poco a poco se fue acercando hasta alcanzarme. Estaba exhausto, medio muerto. El paseo se canceló.

Así pasaron algunos paseos hasta un día que me sorprendió por completo: desde San Angel salió a buen ritmo; no se detuvo en el CCH ni tampoco en Six Flags; llegamos al kilómetro 2 y no solo no se detuvo sino que prosiguió el recorrido. Yo estaba sorprendido.

Mi sorpresa se volvió preocupación y luego terror puro cuando comenzó a aumentar la distancia entre los dos, cada minuto se alejaba más y más hasta que repentinamente desapareció. Imposible, no lo podía creer; pesé a que yo daba mi máximo esfuerzo no sólo no mantenía su ritmo sino que se alejaba más y más.

Llegué al kilómetro 15 sin haberlo vuelto a ver desde el kilómetro 6. Tampoco lo había visto que regresara recorrido abajo. “¿Qué le habrá pasado? ¿se habrá perdido? ¿lo arrolló un microbusero? ¿tuvo un paro cardiaco y ya se lo llevó la ambulancia?”.

Le pregunté a unos ciclistas que venían en contrasentido si lo habían visto, “si, está más arriba” me dijeron.

Recordé que el nunca había llegado hasta el kilómetro 15, por lo que seguramente no sabía donde terminaba el recorrido programado y consecuentemente se había seguido de frente.

Lo encontré casi dos kilómetros más adelante, desayunando ya ante mi retraso. Luego le pregunté que como se sentía, si estaba cansado o mareado. “NO, nada me siento perfectamente” fue su respuesta.

Waw, como lo hizo... ¿cómo tuvo lugar esa asombrosa transformación? A lo mejor estaba enfermo las otras salidas, a lo mejor nada más se estaba haciendo para que me confiara y después inflingirme la arrastrada de mi vida, a lo mejor el mecánico que le dio mantenimiento a su bici es un genio.

Pero él confesó su secreto: se había dado un jale de mota en la mañana. Con esto logró superar sus limitaciones físicas... igual que el chavo banda de la peregrinación a Chalma, igual que Ben Johson el Seúl 88, igual que muchos otros ciclistas que recurren a sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento.

Pero al otro día pagó las consecuencias: al ir desapareciendo los efectos de la marijuana en su organismo descubrió que no podía mover sus piernas. Estaba tan embarado, tan engarrotado, que ni siquiera podía caminar, no podía tampoco sentarse a gusto para ir al baño. Así anduvo por lo menos 3 días, para el cuarto ya podía caminar no sin dejar de sentir dolor.

Tras tan mala experiencia la siguiente salida nada más llegamos otra vez al kilómetro 2.


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© 1997-2014 Alain García Gómez
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